Madres que van en bici

Siempre me sedujo la idea de pedalear acompañada. Quizá fueron esas carreras camino del cps con Lur corriendo detrás (uy, como me pillara ahora la ordenanza de la bici de Zaragoza, estaba frita). O la de horas pedaleadas por los caminos de tierra rojiza de Auroville, siempre con Neeraja o Joana como compañía. O los km. pedaleados Andes arriba y abajo durante la aventura cicletera de slowcicle. Nunca fui ciclista de carreras, de contar km., de superar límites o de luchar contra el reloj… por eso, ahora que pedaleo más acompañada que nunca, sienta la mar de bien.

20150401_185254Hemos aprovechado unos días primaverales para entrar en contacto con la vía verde de la Val de Zafán, entre Alcañiz y Tortosa, y se confirma que es un lujo poder pedalear en familia de esta forma. Desde el verano pasado tenemos un carrito para llevar a Ione enganchada a la bici de Sergio. Y generalmente viaja contenta. Como es chica de campo, todo lo que sea estar al aire libre suele sentarle bien. De vez en cuando comenta el paisaje, pide agua o pan, se duerme, se embadurna de crema de sol o pide a gritos bajar. Sí, se pedalea en compañía.

20150403_135708La bici tiene mucho que ver con el ritmo con el que se viaja y con el ritmo con el que se vive. Ya decía hace años Einstein, que la vida es como montar en bicicleta, ya que para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando. Pero es que además, lo tienes que hacer a un ritmo pausado y tranquilo, de una manera muy eficiente, garantía de salud y equilibrio. Es verdad, las cuestas arriba, cansan, pero duran poco (bueno, en los andes peruanos, algo más, unas dos etapas de media…). Como ya contara slowcicle en el nº31 de la revista ecohabitar, la bicicleta es, a todas luces, el más eficiente de los transportes humanos desde un punto de vista termodinámico. Ivan Illich, uno de los padres del movimiento del “Decrecimiento Sostenible”, además de reconocido viajero y aficionado ciclista de la América Latina de los años 60 y 70, dice así en su libro “Energía y Equidad”:

El uso de la bicicleta hace posible que el movimiento del cuerpo humano franquee una última barrera. Le permite aprovechar la energía metabólica disponible y acelerar la locomoción a su límite teórico. En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías por kilómetro que éste. El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más que 0,15 calorías. Con la bicicleta, el hombre rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal evolucionado.

Así que podría decir que soy una madre ciclista, de acción y corazón. Quizá ya no tanto como antes en el día a día por cuestiones de ruralidad, pero pasear en bici con chiquilla y barriga parece una sana costumbre que esperamos se mantenga. Eso sí, en compañía.

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4 Respuestas a “Madres que van en bici

  1. Qué bien lo explicaban Einstein o Iván Illich, ¡y qué bonito lo cuentas tú! Ayer también fuimos en familia con las bicis por la ribera del Ebro en Zaragoza y comida en el Parque del Agua. Qué sensación de libertad, felicidad, aventura.

  2. ¡¡Bien por las familias viajeras, las del día a día, las que dejan a las chicas en el cole y pedalean hasta su heraldo!! Tengo ganas de pedalear con vosotras 🙂

  3. ¡¡¡Aunque la infraestructura familiar se vaya complicando, seguiremos pedaleando!!! Despacito, que no hay prisa. Bssss

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