Síndrome del nido

Dícese de la imperiosa necesidad de darle la vuelta a la casa, para preparar el nido ante la llegada de un nuevo bebé. Dicen que es un estado de hiperactividad y locura característico de las últimas semanas del embarazo y más frecuente entre las primerizas. Y probablemente venga su nombre de nuestra propia herencia animal, ya que generalmente antes de parir, las hembras suelen preparar el nido para acoger a la nueva camada. Tiene su lógica.

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Pero, ¿por qué es o no importante el síndrome del nido y cómo nos enfrentamos a él?

Por un lado, si pensamos que es un reflejo de la ansiedad de la madre ante el futuro o inminente parto, ya podemos además darnos un baño relajante por las noches, pasear – además de montar baldas, hacer pasteles o nadar un rato. Lo que sea, con tal de reducir la hiperactividad a simplemente actividad.

Pero por otro, si no es más que un intento de aprovechar el tiempo con ilusión, que sea otro u otra quien cargue con el trabajo duro, y, ante todo, INFÓRMATE – aquí o aquí. ¿De qué? Pues de lo que puede suponer para la salud de tu hogar la introducción de pinturas, textiles o muebles. Porque somos población de riesgo, nosotras y nuestros futuros peques, y porque una gran parte de estas pinturas pueden emitir sustancias nocivas al aire, volátiles y persistentes, que durarán una buena temporada en el aire interior de nuestro hogar, o depositarse en el polvo doméstico, por lo que igualmente estaremos expuestas a ellas. Aunque digan que son “ecológicas”. O “al agua”. O “sin disolventes”. O porque los textiles que no sean 100% de fibras naturales, pueden generar electricidad estática con el mínimo roce y acumular todavía más polvo, o si no los hemos lavado previamente con insistencia, pueden contener, como afirma nuestra compañera Elisabet Sivestre, sustancias cloradas blanqueantes, disolventes como el tricloroetileno, metales pesados, formaldehído como antiarrugas, alquilfenoles usados en lavado y teñido; ftalatos, que ablandan los plásticos tipo PVC o cueros, compuestos perfluorados que repelen el agua, las manchas, o compuestos retardantes de llama bromados y clorados que evitan que sean inflamables. O porque los actuales muebles de contrachapado de madera suelen contener colas con formaldehído, un gas de muy fácil volatilidad, tóxico y cancerígeno procedente de barnices, pegamentos o resinas de los tableros aglomerados, entre otros, que emana al aire interior a través de cualquier canto mal sellado o cualquier agujero pre-hecho para posteriormente colocar los estantes a tu antojo.

IMG_20150901_180428Así que, ¿qué hemos hecho nosotros? O más bien, ¿qué estamos haciendo?

Lo primero, pintar la habitación que cuando toque, compartirán los hermanos. Y la he pintado yo, bueno, nosotros, los tres – que mancharse tiene su cosa. Porque hemos pintado con pintura de arcilla, que sólo tiene como componentes arcilla de alta calidad de distintas tonalidades, mármol molido, celulosa y caseína vegetal. Y como hemos pintado a brochazos finos y/o con esponja, se utiliza muy poca pintura y seca rápidamente, dándole a la pared de fondo blanco, textura y luminosidad, sin riesgo alguno en su aplicación o uso posterior de la habitación.

También hemos colocado baldas. Muchas baldas. Todas ellas de madera de pino crudo. Sin tratar. Sin aceites. Sin barnices. Ahora, la casa huele a madera. Hemos intentado introducir elementos naturales en casa, así que algunas de las baldas, se han colocado con ramas de árbol como estructura.IMG_20150820_194840

Por otro lado, nuestro colchón, ya llevaba tiempo pidiendo un remplazo. Era un futón de algodón con alma de látex, pero ha sufrido ya cuatro traslados y lleva dos años sin estar bien ventilado y mantenido, así que han empezado a aparecer signos de moho por estar colocado directamente en el suelo, sobre otro colchón viejo. La solución, estructura de cama nueva, que ventile bien, en madera de pino pulida, sin refuerzos de acero que distorsionen el campo magnético terrestre, ni barnices o aceites que puedan emanar COVs. Y un colchón de látex natural (material sin aditivos químicos que permite la circulación de aire y garantiza una saludable evaporación de la humedad corporal), que será complementado cuando los ahorros lo permitan, con un colchoncillo o topper de lana (y cuando consigamos la certeza de que no está tratada con permetrina, claro), que regule perfectamente la humedad que se genera mientras ejercemos el bello oficio de descansar. Y todo esto, tras tener al purificador de aire funcionando durante todo un día, para eliminar esporas o partículas de hasta 3 micras de tamaño y elimiar cualquier riesgo de posible contaminación microbiológica interior.

Parece nada. Pero ha sido un síndrome del nido en toda regla… tanto, que ha sido colgar una última balda, y nacer el peque.

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3 Respuestas a “Síndrome del nido

  1. Seguro que el nido ha quedado saludablemente preparado y lleno de cariño. Aprendemos mucho con lo que nos cuentas e intentaremos ponerlo en práctica

  2. Pingback: NACER EN UN NIDO | Slow Green Homes·

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